El Abuelo: tradición y devoción jiennense que es seña de identidad de Andalucía

Te contamos todos los entresijos de la Hermandad, sus leyendas, su forma de procesionar y todo lo referente a su historia.

La Antigua,Insigne y Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, se fundó en fecha incierta aún no documentada, que debe estar entre 5 de junio de 1588, día de apertura del Convento de San José de los PP. Carmelitas Descalzos y 29 de abril de 1594, fecha en la que se documenta, por ahora, la referencia documental más antigua sobre la existencia de la Cofradía.

Abierto el Convento de San José, los PP. Carmelitas Descalzos quisieron instaurar en él la devoción a Jesús Nazareno tan propia de la Orden desde que, según tradición, en 1588 la efigie de Jesús cargado con la cruz figurada en una pintura existente en el convento de Segovia  le habló a San Juan de la Cruz. Con tal fin, los religiosos en unión con varios labradores del arrabal de la Puerta de Granada, recaudaron limosnas para hacerse con una imagen de Jesús Nazareno que colocaron en su iglesia y en torno a la que pronto prendió la devoción de los fieles, lo que dio lugar muy pronto a la fundación de la cofradía.

Para ello es muy posible que se tomaran del convento de Baeza las ordenanzas de la cofradía allí establecida, que a su vez se habían basado en las del convento de Granada, pues los carmelitas descalzos tenían unas reglas modelo a las que se acomodaban las que se iban fundando.

Si sabemos que el fundador fue Juan de Orozco Godoy, familiar del Santo Oficio y marido de Dª Ana de Barrionuevo y hermano del presbítero Licenciado Luis Orozco Godoy y del platero Diego Orozco Godoy. En un principio la cofradía se denominó “Cofradía de la bienaventurada Santa Elena” y también se conoció por “Cofradía de las Cruces” o de “los Nazarenos” en razón a que sus hermanos hacían penitencia caminando descalzos en la procesión de la madrugada del Viernes Santo, portando una pesada cruz al hombro y un ramal de esparto al cuello en señal de penitencia.

Sería muchos años después cuando dio en el uso de titularse “Cofradía de N. P. Jesús Nazareno”.    

En el siglo XVIII la devoción había aumentado de tal modo, que la acción conjunta de los Carmelitas Descalzos y la Cofradía consiguió que la imagen de N. P. Jesús se asociara habitualmente a las celebraciones públicas de la ciudad, lo que difundió su renombre, de forma tal que con el siglo XIX la Cofradía acabó por convertirse en la más significativa de Jaén, integrando en sus filas a todas las clases sociales y consiguiendo un especial carisma que todavía es perceptible.

Leyendas

El Abuelo

Cuenta la leyenda que un misterioso anciano pidió alojamiento en una casería a las afueras de Jaén, hoy conocido como Casería de Jesús. En la puerta de la casa, reposaba el tronco cortado de un árbol y el anciano comentó a los dueños que él podría hacer una talla de Cristo con esa madera y que solo necesitara un lugar tranquilo para trabajar. Así que se encerró en una de las habitaciones de la casa y durante toda la noche no se escuchó ningún ruido, ni tampoco durante toda la mañana del día siguiente por lo que los dueños de la casa decidieron entrar en la habitación para ver que sucedía. El hombre ya no estaba, nadie lo había visto u oído salir. Y en el centro del habitáculo, junto a restos de virutas y trozos de madera, se erigía la talla de un Jesús Nazareno.

Llave del Hospital

En el siglo XVII una brote de peste asolaba la ciudad cuando las autoridades decidieron realizar una procesión con la imagen del nazareno hasta el hospital en el que se trataba a los enfermos de peste. Desde ese mismo momento la enfermedad cesó y los enfermos comenzaron a recuperarse de la enfermedad que había terminado con la vida de cientos de ciudadanos, hasta el punto, de que en pocos días el hospital fue cerrado ante la inexistencia de enfermos. Por ello la imagen porta en sus manos una gran llave, copia de la que daba acceso al hospital, Y Nuestro Padre Jesús Nazareno obtuvo la dignidad de Hijo Predilecto de la ciudad. 

NUESTRO PADRE JESUS NAZARENO

La venerada imagen de Jesús Nazareno es obra de talla  completa, de 1´45 m. de altura y parece tallada en madera de cedro. Se talló poco después de la fundación del convento de los Descalzos  a instancias de los religiosos junto con un grupo de vecinos del convento. Se pagó con las limosnas que se recogieron al efecto.

         

Por el momento la imagen de Nuestro Padre Jesús es obra de un escultor anónimo de finales del siglo XVI. La opinión general de los estudiosos es que se hizo en Jaén, por lo que centrando la cuestión en los talleres activos en la ciudad en los años finales del siglo XVI, había dos más señalados el de Salvador de Cuellar y Sebastián de Solís.

Ambos eran considerados excelentes escultores, el primero trabajó para la iglesia de San Andrés, y suyo es el Cristo de la Salud que se venera en el Convento de la Merced, mientras Sebastián de Solís trabajó para la Catedral, y las iglesias de  San Andrés, San Ildefonso y San Bartolomé entre otras, destacando como imaginero las tallas de la Congregación del Santo Sepulcro.

Del estudio de la imagen de Nuestro Padre Jesús con las obras de estos autores se advierten semejanzas con la obra conocida de Sebastián de Solís, de ahí que haya fundadas razones   para   adjudicarla a este taller.                        

Además   consta documentalmente que Sebastián de Solís fue el autor de   la   imagen de Jesús Nazareno  labrada para el convento y  cofradía de Mancha Real en 1598,  cofradía que se fundó  a imitación de la de Jaén. Pero la falta de testimonios documentales, hace considerar que lo más objetivo es seguir catalogando la imagen como talla anónima de finales del XVI.

Los continuos trasiegos a que se sometió la imagen, tanto con motivo de cultos y procesiones habituales, como una reiterada participación en rogativas públicas,  a lo largo de la historia han ocasionado bastantes desperfectos que han hecho que sean  precisas intervenciones restauradoras. 

Aunque  documentalmente constan pocas, entre las esenciales de las que hay constancia  son, la realizada en el año 1902 en la que tras varias vicisitudes, encuentros y desencuentros gracias a la intervención del obispo don Salvador Castellote Pizano, presentó a la Junta de la Cofradía a D. José Bodria, persona experta en esta materia, la cual tras examinar la imagen  en una habitación de convento de la Merced,  indicó se hacía necesaria una intervención en rostro, manos y pies, ofreciéndose hacer el trabajo sin cobrar honorarios, sólo los gastos de estancia. Accediéndose a la propuesta se instaló en la celda número 13 del convento donde trabajó hasta el 24 de marzo que entregó la imagen restaurada. 


Todos quedaron muy satisfechos con el trabajo de restauración realizado y una vez vestida la imagen estuvo expuesta al público durante tres días. Aprobándose en Junta de Gobierno pagar la estancia del Sr Bodria, y obsequiarle con una gratificación de 1000 pesetas, así como el título de Cofrade de Honor.

Después de las vicisitudes por las que pasó la imagen en 1936 primero en el convento de la Merced y luego en las dependencias de los almacenes de patrimonio Artístico, la imagen sufrió algunos deterioros  sobre todo en las manos.

 

Por ello una vez finalizada la guerra, y recuperada la imagen, en agosto de 1939 la Imagen fue nueva restaurada. En una habitación de la Catedral, D Ramón Mateu Montesinos, y D Luis Espinar Barranco procedieron a recomponer los daños sufridos en los años de la guerra civil, reparando en esta interveción las manos y  la policromía.

Lo precario de aquella restauración hizo que con el paso de los años se advirtiera la necesidad de realizar una nueva revisión de la imagen, así en 1978 en la sala de juntas de la Catedral el escultor D Constantino Unguetti Alamo procedió a revisar minuciosamente la talla, emitiendo un informe en el que aconsejaba se procediera a restaurar los desperfectos advertidos para evitar su aumento. Así aprobado el informe el 17 de septiembre de 1979 en la una sala de la Catedral acondicionada al efecto Unguetti dio comienzo con dichos trabajos, finalizando los mismos el 24 de septiembre de ese mismo año.

Con el deseo de hacer a la imagen una restauración científica, no sólo de asegurarse su conservación si no que permitiera localizar algún indico de su autoría, en 1990 se iniciaron las gestiones con el Ministerio de Cultura solicitándose  que la imagen fuera objeto de un amplio programa de restauración.  Estas gestiones fructificaron y en 1992 técnicos del instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte visitaron Jaén y dictaminaron la necesidad de realizar dicha restauración. Así con la preceptiva autoridad eclesiática la imagen en junio de 1992 fue trasladada a Madrid. Allí los técnicos D Raimundo Cruz Solís, Cristóbal López Romero e Isabel Pozas Villacañas llevaron a cabo la restauración. Habían transcurrido 7 meses desde que la venerada Imagen había salido de Jaén cuando el 26 de enero de 1993 regresó a Jaén.

 

La imagen de Nuestro Padre Jesús junto con el resto de las imágenes de la cofradía, han vivido a lo largo de la historia un continuo peregrinar por distintas iglesias y conventos de nuestra ciudad.

Desde la fundación de la cofradía permanecieron en el convento de San José, hasta 1835 que con la desamortización de Mendízábal tuvo que marcha, trasladándose en 1836 al Sagrario de la S.I. Catedral, allí permaneció hasta 1846 año que la cofradía con sus imágenes se trasladaron a la Iglesia de la Merced donde permaneció hasta 1936.

En este año debido a la guerra civil la Imagen de Nuestro Padre Jesús fue escondida en el convento de las Bernadas, donde permaneció hasta 1940, año en el que la cofradía y sus Imágenes volvía a la Iglesia de la Merced, en la que estarían hasta 1953.  En este año vuelven las Imágenes y la Cofradía a la Iglesia de El Sagrario de la S.I. Catedral para permanecer en la misma hasta 1961, año de que nuevo vuelve a la Iglesia de la Merced.

Ya en 1970 las Imágenes son trasladadas a la Santa Iglesia Catedral de Jáen donde permanecieron en la capilla de San Fernando hasta el 27 de noviembre de 2009, año en que la cofradía y las Imágenes volvían al convento de San José, hoy también Santuario.

 

EL CIRINEO

A partir del siglo XVIII comenzaron a ser frecuentes las procesiones con Nuestro Padre Jesús, por lo que se impuso la práctica de disponer tras la imagen una horquilla de hierro revestida de plata labrada, a la que por su función específica se denominaba “cirineo”.

Como tal horquilla resultaba antiestética y desmerecía de la valía de la talla,  por lo que se hacía de necesidad buscar la fórmula práctica que armonizase con la estética y diera seguridad en las procesiones.
A partir de la   segunda   mitad   del siglo XIX estuvo latente en la Cofradía el deseo  de reemplazarla por una escultura de Simón Cirineo que cumpliera idéntica función.
Después de varias polémicas sobre la adquisición de la talla, fue la Congregación de Soldados Romanos, que recientemente se había creado, la que decidió apadrinar el proyecto ofreciéndose a costear la escultura.  Así en 1892 costeó y donó la imagen del Cirineo. 
Es obra del escultor valenciano Luis Montesinos, quien  tomó como modelo de la talla del Cirinero, al capitán y fundador de dicha Congregación don Tomás Cobo Renedo (1829-1915). Realizada la talla y concluidas las vestiduras el 27 de marzo de 1892 se bendijo la talla en una solemne fiesta en la iglesia de la Merced.
El viernes Santo 15 de abril de 1892 apareció por primera vez ante el público el nuevo grupo Nuestro Padre Jesús ayudado por Simón de Cirene, señalar que ese día la procesión no pudo salir hasta las 8 de la mañana, ya que durante la madrugada había llovido con intensidad.
La talla una vez salvado los avatares de la guerra civil, en 1943 el pintor  Luis Espinar restauró los desperfectos que había sufrido.  
En 1979 fue de nuevo restaurada por Constantino Unguetti.
En 1992   sería en el Instituto de Restauración y Conservación de Obras de Arte en Madrid, con la intervención de los técnicos que restauraron la imagen de Nuestro Padre Jesús quienes procedieron a su restauración.
MARIA SANTISIMA DE LOS DOLORES
Existe constancia desde el siglo XVII la presencia de la imagen de la imagen de Nuestra Señora en la procesión, con la advocación en 1617 de la Soledad.
La talla estaba dotada de movimiento, con ello era posible durante la procesión que se celebraba la ceremonia llamada de el paso, donde se representaba el encuentro de Jesús con su Madre, y en que la imagen de María realizaba el movimiento con los brazos a modo de gesto . Los reiterados movimientos de esta ceremonia deterioraron la talla, por lo que se planteó el deseo de hacer una nueva.
En 1741 tras predicar el Sermón de pasión Fr Juan del Santísimo, manifestó su deseo de costear una nueva imagen de Nuestra Señora de los Dolores, ya que había advertido que la preparada para la procesión no reunía las debidas condiciones.
Una vez que pudo consensuar con la Cofradía su realización, se le concedió licencia a Fr. Juan, quien contrató el trabajo al escultor José de Medina para la realización de la hechura de la cabeza y manos.
La imagen se trabajó en la sala de profundis del convento de San Jose en 1742. La policromía corrió a cargo de Francisco Muñoz que cobró dos ducados.
Terminada la talla y vestida adecuadamente se colocó en el altar mayor para la celebración de una fiesta. Pasando posteriormente a una capilla y retirándose del culto la anterior imagen de la Soledad.
La imagen es de 1.54 metros de altura, el candelero de base cuadrada lo conforman cuatro listones. La cabeza ligeramente inclinada a la izquierda. 
Los ojos son de cristal y las pestañas postizas, tiendo figuradas cuatro  lágrimas. La boca lleva entreabierta observándose los dientes superiores.
La devoción prendió pronto por lo que Fr Juan solicitó autorización a la Cofradía para hacerle un camarín en el lateral izquierdo de la capilla de Ntro Padre Jesús, accediéndose y procediéndose a la realización.
Durante la guerra civil la imagen pasó por los almacenes del Tesoro Artístico perdiendo sus manos, la cuales les fueron repuestas en 1939 por el escultor Ramón Mateu.
María Santísima ha sido   restaurada en 1903 por el escultor  D.José Bodria y en 1993 por D. Raimundo Cruz.
SAN JUAN EVANGELISTA
La incorporación de la actual imagen de San Juan Evangelista a la cofradía es tardía e incierta, posiblemente fue ya bien avanzado el siglo XVIII.
La talla anónima de 1.64 metros, labrada en madera de pino.
En los años de su incorporación a la cofradía la imagen tuvo el carácter de imagen secundaria, no teniendo regularidad en su incorporación a la procesión. Llegándose a ofrecer para procesionarla incluso escuadras de otras cofradías, como la de la Cofradía de la Vera Cruz desde 1847 a 1850.
Fue en 1856 un grupo de cofrades encabezado por D Juan Burgos decidieron darle significancia en la procesión, mejorando el paso, dorándolo,y ofreciéndole una túnica y capa con galón para vestirla. Desde entonces su presencia cobró relevancia, si bien en el paso de los años siguieron los avatares en algunos momentos con la imagen.
En 1955 se le realizó un nuevo trono. 
La imagen en 1998 fue restaurada en los talleres de D Raimundo Cruz.
SANTA MARCELA “LA VERONICA”
La incorporación de la imagen de Santa Marcela a la procesión de Jesús está documentada a partir de la segunda mitad del  siglo XVII. La talla actual, hubo una anterior de la que no hay imágenes, pero debió encontrarse muy deteriorada porque en el último tercio del XIX se manifiesta el deseo de la Cofradía de conseguir una nueva talla que entone con la categoría artística de las restantes imágenes, así  se adquirió en Valencia en 1883 a instancia del entonces gobernador de la Cofradía don Federico de Palma y Camacho, gran devoto de esta legendaria mujer.
Es talla de vestir, de 1.55 metros realizada en madera de pino, obra del escultor Modesto-Damián  astor y Juliá, natural de Albaida. Importó mil setecientos cuarenta reales.
Como era de preveer la mujer de Federico de Palma y Camacho, dª Adelina Moreno quedó designada como camarera de la imagen,la que atendió hasta su fallecimiento.
La imagen procesionaba en un modesto trono de reducidas dimensiones el cual fue 1892 dorado por D. Manuel de la Paz, estando en uso largos años, hasta que en 1955 se labró el  trono actual en los talleres sevillanos de Antonio Sánchez.
Durante la guerra civil la imagen pudo salvarse de una previsible destrucción al pasar a los almacenes del Tesoro Artístico sito en el convento de la Bernardas.
Ya en 1942 se limpió y restauró, se le remplazó en pañuelo por uno nuevo de la Santa Faz pintado por el artista D Luis Espinar pasando a una repisa altar para su veneración.
En julio de 1996 la imagen fue sometida en los talleres de D. Raimundo Cruz a una minuciosa restauración.

La fundación de la Cofradía dispone que los hermanos que a ella pertenezcan harán penitencia de un modo menos cruento al de las restantes hermandades, pero no menos duro.

Saldrán en procesión a la madrugada, descalzos de pié y pierna, portando una pesada cruz de madera al hombro y llevando colgada al cuello un áspero ramal de esparto que les servirá de ceñidor.

En sus inicios la procesión salía a la madrugada pero en una hora imprecisa que siempre estaba antes del alba. Es a partir del siglo XVIII cuando la hora se fija habitualmente entre “las cuatro y cinco de la mañana”.

Esta hora, aunque confería a la procesión un ambiente especial y solitario en muchos puntos de recorrido, se prestaba sin embargo a excesos y escándalos, por lo que en más de una ocasión motivó enconados debates y variaciones en la hora de salida, pues entre otras cosas, se impuso la costumbre de que “para templar el cuerpo”  de los rigores de la amanecida el Hermano Mayor ofreciera  previamente en su casa y en algunos puntos señalados del itinerario “un refresco”  o convite con dulces y licores, con el que se rompía el ayuno penitencial y se originaban no pocos escándalos.

También hay que en estos años y cuando la madrugada dejaba paso al alba se celebraba la ceremonia del “encuentro” en la que las imágenes de Jesús y  la Virgen de los Dolores se colocaban frente a frente y con un mecanismo de poleas y engranajes movían los brazos simulando un simbólico abrazo en la calle de la Amargura, para que luego Jesús retomara su camino.

Por ello en 1837 se decidió sacar la procesión a las diez de la mañana, algo que indignó a muchos cofrades que hicieron “un plante”  por lo que la procesión resultó muy deslucida, motivando que al año siguiente se fijara la salida a las cinco de la mañana.

Aunque dado lo dilatado del itinerario, en junta de 24 de marzo de 1867 se acordó salir a las cuatro de la madrugada hora que se mantuvo durante muchos años.

Luego, dado que la procesión comenzó a convertirse en un acto multitudinario que entorpecía la salida en 1922 se decidió salir a las tres y media, con el fin de que a las cuatro en punto la imagen de Jesús apareciera en la puerta de la Merced.

Tras la guerra civil y por consejo gubernativo se situó la salida en las cinco de la mañana. Así se hizo en los años de 1941 y 1942, aunque invocando la tradición pronto se varió la hora y la procesión empezó a salir entre las tres y las cinco de la madrugada.

Luego del provisional traslado a la Catedral en 1953 y para afrontar sin agobios el largo itinerario se inició la salida a las dos de la mañana, aunque una vez estabilizado el nuevo recorrido  se volvió a la clásica salida de las cuatro de la mañana.

Ya en la segunda mitad del siglo XX y tras el brillo y esplendor alcanzado por la procesión de la Vera-Cruz empezó a ser habitual que muchas personas enlazaran el encierro de la Vera-Cruz y el posterior desfile de las fuerzas que en ella habían participado, con la salida de N. P. Jesús. Esa espera en las calles solía terminar en los bares, pese a que el horario y servicio de éstos quedaba rigurosamente restringido, e incluso muchas personas forasteras aprovechaban que los templos no se cerraban en honor al monumento eucarístico y buscaban en ellos refugio para descansar o “dar una cabezada”, lo que traía como consecuencia faltas de respeto y una algarabía callejera no adecuada al día. Por eso en la década de los años cincuenta se trató de aminorar el bullicio y una vez encerrada la Vera-Cruz las organizaciones de Acción Católica sacaban de la Catedral un devoto Via-Crucis con la imagen del Cristo de la Misericordia que recorría el centro de la ciudad y se mantenía en la calle hasta que las gentes empezaban a buscar la salida de N. P. Jesús.

Modernamente y con el buen deseo de prevenir los lamentables efectos con que algunos sectores juveniles contaminan la madrugada, la hora de salida se viene fijando en las dos de la mañana.

Aunque en Jaén la Madrugá tiene unas connotaciones muy diferentes a las de otras ciudades andaluzas, pues se centra exclusivamente en la procesión de Jesús Nazareno, podemos decir que es una oportunidad única para vivir momentos de intensa emoción: la impresionante salida…, el evocador paso por la plaza de la Merced y las estrechuras de Merced Alta…, el tránsito por “los Cantones”…., la marcha por la Carrera de Jesús…, “el encuentro”…, el dificultoso recorrido por la calle de las Almenas cuando ya en el cielo aparecen los primeros albores…

Eso ha hecho que muchos artistas y poetas hayan captado tan peculiar ambiente, como podemos ver en los dibujos de José María Tamayo y Manuel Serrano Cuesta o en la pintura de José Nogué, así como el los poemas de Federico de Mendizábal, Antonio Alcalá Venceslada, Felipe Molina Verdejo o Miguel Calvo Morillo.