El Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Titular de la Hermandad de la Hiniesta, que iba elevado sobre unas andas, salió de San Julián a las 16:15 horas para, tras saludar a las Hermandades de Montesión, Lanzada y Panaderos, llegar a la Puerta de Campanillas de la Catedral de Sevilla a las 19:55 horas.
El rezo del Vía Crucis fue aplicado especialmente “Por el Arzobispo de Sevilla D. José Ángel Saiz Meneses, en el 25º aniversario de su ordenación episcopal y por los frutos del Observatorio para la Piedad Popular, foro de estudio permanente y compromiso de las conclusiones del Congreso Internacional de Hermandades”, tal y como comunicó en los días previos el Consejo de Hermandades y Cofradías.

El lema elegido por la hermandad para este rezo fue “Es muriendo como se resucita a la vida eterna”, frase atribuida a San Francisco de Asís, cuando se está conmemorando el VIII Centenario de su fallecimiento y que subraya el carácter franciscano de la corporación.
La Hermandad tuvo un detalle cargado de profundo significado, ya que el Santísimo Cristo de la Buena Muerte portó en el cajillo de la Cruz un recuerdo muy especial, un listado que recoge la memoria de todos los hermanos fallecidos en la Hermandad. Sin duda un gesto discreto pero lleno de emoción, que simboliza que quienes nos precedieron en la fe continúan formando parte viva de la corporación, acompañando al Santísimo Cristo en cada momento de oración.

Las andas que portaban al Cristo de la Buena Muerte llevaban incorporados unos históricos portachones en metal plateado, que realizó Manuel Seco Velasco en 1952. Estas piezas pertenecieron al anterior paso del Cristo y actualmente son propiedad de la Hermandad de Tocina, formando parte de su legado artístico y devocional.
Asimismo, el Cristo lució las potencias de 1950, recientemente restauradas por Orfebrería Ramos, y que fueron donadas por Eladio García de la Bordolla. Todos estos detalles hablan de la historia, devoción y continuidad de la corporación en el tiempo.
